Lo primero que conviene aclarar es qué no automatizamos: la planta. La optimización de producción, el control numérico o la robótica de proceso son otra disciplina, con otros proveedores, y si ese es vuestro problema os lo diremos en la primera reunión. Nuestro terreno es la oficina que rodea a la planta, que es donde en las empresas de los polígonos gijoneses se pierden más horas de las que nadie contabiliza.
En concreto, tres circuitos se repiten. El primero, la entrada documental: albaranes, certificados de calidad, hojas de ruta y facturas de proveedor que llegan en PDF, escaneados o en foto desde el móvil y que alguien transcribe al ERP. El segundo, la preparación de ofertas: si vendéis bajo pedido, la oficina técnica rehace presupuestos que se parecen mucho a otros anteriores, y un asistente que los prepara desde el histórico convierte horas en minutos de revisión. El tercero, el teléfono y el correo técnico, donde se entierran peticiones que sí eran negocio.
La señal de que os toca es simple: si en vuestra oficina hay alguien cuyo trabajo consiste en gran parte en pasar información de un sitio a otro, ahí hay un proyecto con retorno rápido. Y si además tenéis una vacante administrativa que no conseguís cubrir, la urgencia es mayor de lo que parece.