Los que se repiten cada día y no necesitan criterio. En comercio y hostelería suelen ser tres: contestar las mismas preguntas por teléfono y mensaje —horarios, disponibilidad, reservas, estado de un encargo—, pasar a limpio los papeles que llegan de proveedores —albaranes, facturas, listas de precios— y avisar a los clientes: recordatorios, pedido listo, cita confirmada. Son tareas que alguien hace entre cliente y cliente, con interrupciones, y por eso se hacen tarde o con errores.
¿Y la parte que hace que el cliente vuelva —el consejo en tienda, la conversación en la barra, la negociación de un coche—? Esa se queda como está. La auditoría inicial sirve precisamente para trazar esa línea con tus números: cuántas llamadas entran, cuántos albaranes llegan, cuánto tiempo se va en cada cosa. Con eso elegimos un único proceso para el piloto; si funciona, se amplía, y si no compensa, no se hace.